lunes, 26 de abril de 2010

Escuela Normal Superior Federalizada del Estado de Puebla (ENSFEP). Mtro. Adolfo Napoleón Flores Mtz.

Resulta inequívoco señalar, que cada ciclo escolar es diferente. Con dificultades podríamos encontrar en la historia de una Institución Educativa dos hechos iguales; durante cada año escolar, al seno de cada plantel educativo conviven diferentes modos de apreciar nuestro pasado, nuestro presente y la visión de futuro que se tiene en este multiforme y multicambiante mundo en el que nos ha tocado vivir.
En nuestra querida Escuela Normal Superior Federalizada del Estado de Puebla (ENSFEP), siempre se ha procurado que sea un lugar donde coexistan las diversas formas de comprender la esencia y la razón de ser del maestro y su trabajo: La Educación Pública Nacional. Un espacio donde se entiendan las nuevas formas de relacionarse con los distintos actores de la sociedad; donde se vislumbre de manera objetiva los nuevos retos y demandas de convivir en un mundo globalizado.
Por ello, el inicio, trascurso y final de cada ciclo escolar, es una nueva oportunidad para reflexionar, alumnos, maestros y cuerpo directivo, sobre las particularidades del quehacer educativo y social que nos corresponde realizar como actores de nuestro propio destino. Hacer bien esta reflexión, implica recuperar lo mejor de nuestro pasado histórico, porque en él encontramos experiencias valiosas de acuerdo a las circunstancias de su propia época; permitiéndonos cimentar un presente más sólido, con una visión que nos permita ser mejores en el transcurrir del tiempo. Por ello, no está por demás decir que importa mucho la manera en que nosotros mismos percibamos nuestras fortalezas y debilidades. Un diagnóstico certero del entorno en el que nos corresponde actuar, necesariamente redundará en una mayor productividad y éxito en la alta función social que nos ha sido encomendada como maestros, como una vía para contribuir a mejorar a nuestra Patria.
La globalización, los procesos postmodernos y la generalización de la tecnología y la información, han propiciado cambios en todos los órdenes sociales. Nuestro país, forma parte de una vida social mundializada que se caracteriza por una cantidad ilimitada de procesos de ruptura, de saltos y brechas. En este contexto, la escuela del siglo XXI, emerge a una serie de escenarios donde parece haber más preguntas que respuestas, donde lo característico es el aumento de la incertidumbre y la disolución de paradigmas que nos señalaban certezas.
Las reglas con las que nos relacionamos ya no funcionan; los sistemas pierden el equilibrio; y más preocupante aún, la honorabilidad y credibilidad de las personas y las instituciones se está extinguiendo. Los nuevos escenarios nos obligan a correr riesgos, asumiendo el desafío de resolver lo diverso, lo dinámico, lo complejo e inestable.
En los últimos lustros, la sociedad ha volcado su interés en la educación, dándole un nuevo y diferente lugar. Actualmente, la sociedad está exigiendo una educación nueva, una educación de calidad, que no se limite a la adquisición de conocimientos, sino que aspire a ser un proceso del ser humano y de su grupo social.
Por ello, si bien, la educación pública mexicana actual, conserva el mismo espíritu de sus inicios, enfrenta retos, que no son iguales; la educación nacional exige hoy, verdaderas transformaciones, sin simulaciones, para que esté, a la altura de los desafíos de este nuevo siglo.
Como mexicanos, nos hemos ufanado de haber tenido la primera revolución social del siglo XX; y de lograr, una Constitución que plasma en sus páginas las luchas sociales y las reivindicaciones históricas de nuestro pueblo. La escuela pública, producto de nuestra Carta Magna, se basa en las ideas de gratuidad, obligatoriedad y equidad, en el intento de compensar las diferencias sociales. El magisterio nacional, ha tenido un papel preponderante en este sentido, como lo señaló, Ignacio Manuel Altamirano:
“el magisterio ilumina con sus conocimientos a toda la República, despierta las más nobles aspiraciones en los niños y jóvenes y los incorpora a una vida más plena… llevando con las letras, las libertades y los derechos a los pueblos más remotos, manteniendo vigoroso nuestro amor a México y nuestro orgullo de ser mexicanos”.
En este contexto, el normalismo, representa la presencia y acción de muchas generaciones de maestros, que han hecho posible la educación nacional. Socialmente, se le reconoce como una de las fuerzas decisivas que ha impulsado el desarrollo de la nación. Su importancia y trascendencia es innegable. El normalismo constituye en sí mismo, un movimiento social primordial y una fuerza histórica significativa.
En consecuencia, el buen desempeño cotidiano de los maestros en relación con sus alumnos y la comunidad, son factores primordiales para asegurar el cumplimiento de las funciones esperadas, y esto, sólo se logrará sobre la base firme de una formación adecuada en las escuelas normales.
Los paradigmas, hasta hoy aceptados, se transforman radical y constantemente en retos, crisis y problemas, que exigen a los docentes en formación nuevas competencias, que sólo se alcanzaran a través de una ordenada y constante preparación. Entendido de esta manera, todo cambio educativo, debe iniciar en las instituciones formadoras de docentes.
Por lo tanto, es necesario un Normalismo vigoroso, renovado y prospectivo, en donde se siga una formación basada en una filosofía pedagógica de inspiración liberal, respetuosa de las diversas formas de pensar y con el ejercicio constante de los valores humanistas. Formando así, nuevas generaciones de docentes que luchen para superar las actuales condiciones de vida.
México, requiere de maestros libres, responsables, solidarios, perfectibles y trascendentes. Maestros, que inculquen valores, como el amor a la patria, a la comunidad y la familia; como el compañerismo, la solidaridad, la tolerancia, la honestidad y la disciplina; el esfuerzo personal y el trabajo en equipo; el cumplimiento de las leyes y el saber supeditar los intereses personales al beneficio común; de ello, depende que podamos reconstruir nuestro país, en un lugar más seguro, justo, democrático y próspero.
Con el ejemplo, debemos hacer ver lo importantes que son el esfuerzo y la perseverancia para alcanzar las metas que nos proponemos, como lo señaló, José Vasconcelos: “en el alma y el ejemplo de las maestras y maestros nuestra Patria tendrá un futuro promisorio”.
Compañeras y compañeros normalistas: en nuestro trabajo cotidiano, debemos ser entes críticos, con capacidad de propuesta y comprometidos con las grandes causas de la nación; debemos aprender a ganar en la batalla de las ideas y de los argumentos. Desarrollando, al mismo tiempo, conocimientos teóricos y experiencias; cimentando aptitudes y actitudes, como resultado culminante de una formación ecléctica; así como de un conocimiento ético y profesional, que nos permita una clara conciencia de nuestras obligaciones como educadores. Educando para el cambio, formando personas ricas en originalidad, flexibilidad, visión futura, iniciativa y confianza; personas capaces de asumir los riesgos y afrontar los obstáculos; con competencias para trascender a través de la innovación.
El camino es difícil, cierto, pero veamos en las palabras de Fernando Savater, la certeza para mantener la esperanza: “Educar es transmitir humanidad. Y ésta no es un programa ya establecido. Los animales o las plantas nacen programados para ser lo que son… Los humanos, al contrario nacemos abiertos, inacabados y para llegar a alcanzar la humanidad tenemos que contagiarnos de la de otros”. Por eso, desde este espacio, manifiesto mi más amplio reconocimiento y profunda admiración, a quienes, como señala Ikram Antaki: nos enseñan a equivocarnos menos sobre el mundo; a quienes con esfuerzo, entrega y dedicación, hacen posible una mejorar formación de las nuevas generaciones de docentes, a mis compañeros maestros formadores de maestros, a todos ellos:
¡Gracias, por su vocación y misión educativa!
Particularmente, hago extensiva esta consideración a quien tiene la alta responsabilidad de conducir los destinos de este plantel educativo, a la Mtra. María Teresa Lara Herver, Directora de nuestra querida Escuela Normal Superior Federalizada, para ella y todo su personal directivo y administrativo mi más alto reconocimiento.
“Ejercer la libertad para trascender en el tiempo”
¡Escuela Normal Superior federalizada del Estado de Puebla!
¡Más de 20 años, sirviendo a la formación de docentes!
Mtro. Adolfo Napoleón Flores Martínez

1 comentario:

Anónimo dijo...
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