lunes, 26 de abril de 2010

Gestión y Calidad Educativa. Mtro. Adolfo Napoleón Flores Mtz. C


“Lo importante es que en todos nuestros actos

tengamos un fin definido que deseemos alcanzar,
a la manera de los arqueros
que apuntan hacia un blanco claramente fijado”
Aristóteles

La Calidad Educativa y la Gestión Escolar son constructos nuevos que emergen en el ámbito educativo contemporáneo como una respuesta a las demandas sociales; ambas, se entrelazan y complementan; las dos tienen que ver con eficacia, equidad, relevancia, pertinencia, mejoramiento continuo, trabajo en equipo, organización y planeación estratégica, como parte de sus implicaciones y alcances. Pero también se relacionan con otros aspectos significativos, como son: administración, ambiente laboral, participación social, cultura escolar, liderazgo, intervención, cambio, colaboración, responsabilidad compartida, autonomía, innovación, formación, actualización, investigación y prestigio escolar, por mencionar los más relevantes.
Por ello, se debe analizar dentro de un marco teórico la Calidad Educativa desde diferentes perspectivas; así mismo, se tiene que proponer la construcción de un concepto de Gestión Escolar.

CALIDAD EDUCATIVA
Al irse abatiendo el problema de la cobertura, la Calidad Educativa se convirtió en una exigencia social de primer orden. La calidad etimológicamente, es entendida como cualidad; se identifica como un conjunto de atributos o propiedades referidas a algo o alguien; también, como superioridad o excelencia; tiene que ver con la satisfacción de necesidades.
La Calidad, es un término polisémico, multidimencional y confuso; por ello, definir indicadores de calidad educativa es sumamente difícil, y esta dificultad aumenta cuando se trata de la satisfacción de los usuarios con el servicio educativo prestado, ya que la subjetividad juega un papel muy importante. Pero a fin de cuentas, el objetivo debe ser brindar una educación de calidad con equidad y pertinencia que genere la necesidad de reformar aspectos sustantivos de la organización y la gestión de nuestros sistemas educativos escolares.
La Calidad Educativa es un constructo reciente que emerge en el contexto educativo y social, al cual se le pueden dar varios sentidos de acuerdo a la perspectiva en que se aborde. Por ello, es necesario tener una visión holística, es decir este fenómeno educativo tiene que ser visto como un todo distinto a la suma de las partes que lo componen. Incluye varias dimensiones o enfoques, complementarios entre sí; es un fenómeno complejo y hay múltiples factores que lo determinan, y cualquier esfuerzo por afectar una de sus causas será, necesariamente parcial (Tiana, 1998).
El concepto de calidad educativa se ha discutido y analizado desde perspectivas muy diversas, privilegiando en algunos casos el salón de clases y la relación profesor-alumno, poniendo énfasis en el propósito de enseñanza y sus resultados; otras veces, en la relación escuela-comunidad, preocupados primordialmente por la relevancia del currículo y sus contenidos para los diferentes grupos culturales; y otros más, ahora que el acceso al sistema educativo básico se ha generalizado, se centran en la relación contenidos-procesos educativos, surgiendo la necesidad de indagar sobre los procesos pedagógicos, el salón de clase, la escuela, las relaciones entre profesor y alumno y las relaciones entre escuela y comunidad en general (Bermúdez, 2003).
Una primera forma de entender a la calidad educativa será viéndola como eficacia; por lo tanto, una educación de calidad tendrá que ver con que los alumnos realmente aprendan lo que se supone deben aprender, es decir, aquello que está establecido en los planes y programas curriculares, al cabo de determinados ciclos o niveles. En esta perspectiva el énfasis está puesto en que, además de asistir, los niños y adolescentes aprendan en su paso por la institución escolar. Esta dimensión pone en primer plano los resultados de aprendizaje efectivamente alcanzados por la acción educativa.
Al respecto Sylvia Schmelkes (1995) opina que “la calidad que estamos buscando como resultado de la educación básica debe entenderse como su capacidad de proporcionar a los alumnos el dominio de los códigos culturales básicos, las capacidades para la participación democrática y ciudadana, el desarrollo de la capacidad para resolver problemas y seguir aprendiendo, y el desarrollo de valores y actitudes acordes con una sociedad que desea una vida de calidad para todos sus habitantes.
Una segunda dimensión del concepto de calidad, complementaria de la anterior, se refiere a lo qué se aprende en el sistema educativo y a su relevancia en términos individuales y sociales. En este sentido una educación de calidad es aquella cuyos contenidos responden adecuadamente a lo que el individuo necesita para desarrollarse como persona; intelectual, afectiva, moral y físicamente, para desempeñarse adecuadamente en los diversos ámbitos de la sociedad: el político, el económico y el social. Esta dimensión del concepto pone en primer plano los fines atribuidos a la acción educativa y su concreción en los diseños y contenidos curriculares.
Una tercera dimensión es la que se refiere a la calidad de los procesos y medios que el sistema brinda a los alumnos para el desarrollo de su experiencia educativa. Desde esta perspectiva una educación de calidad es aquella que ofrece a niños y adolescentes un adecuado contexto físico y social para el aprendizaje, un cuerpo docente adecuadamente preparado para la tarea de enseñar, buenos materiales de estudio y de trabajo, estrategias didácticas adecuadas, un clima escolar adecuado, etc.
Esta dimensión del concepto pone en primer plano el análisis de los medios empleados en la acción educativa, tornando absolutamente insuficientes los indicadores tradicionalmente empleados para evaluar el desempeño de los sistemas educativos: evolución de la matrícula, cobertura, repetición, deserción, etc. En el presente la preocupación central ya no debe ser únicamente cuántos y en qué proporción asisten, sino quiénes aprenden en las escuelas, qué aprenden y en qué condiciones aprenden.
Teresa González (2000), señala que la Gestión de la Calidad Educativa “es una estrategia organizativa y una metodología de gestión que hace participar a todos los miembros de una organización con el objetivo fundamental de mejorar continuamente su eficacia y funcionalidad”. Los principios y características fundamentales de la Gestión de la calidad educativa, son:
a) Es un proceso orientado a la satisfacción de necesidades y expectativas de los destinatarios;
b) Propicia el mejoramiento continuo de lo que la Organización pretende alcanzar;
c) Es garantía de la calidad de los procesos internos;
d) Orienta al proceso;
e) Propicia la prevención en lugar de la supervisión.
Sus principios operativos, son el compromiso y dirección del equipo directivo de una organización escolar; el trabajo en equipo eficaz e intencional; la conciencia de que la calidad es tarea de todos y se centra en los hechos, buscando la resolución sistemática de los problemas. En cuanto a su marco operativo, la Escuela como contexto de acción, necesita en primer lugar, un modelo de Planeación Estratégica, con una misión y visión consensuada; que describa la filosofía, políticas, fines y estrategias esenciales, así como la responsabilidad y compromiso de todos los implicados.
Sintetizando, para posibilitar la Calidad Educativa es preciso transformar realmente el SEN y su política educativa, dándole a la Escuela la posibilidad de decidir sobre su propio rumbo. Reconociendo cabalmente el papel fundamental de los directivos y docentes como actores privilegiados en la promoción del cambio; formándolos, actualizándolos y capacitándolos, ya que ellos, son el soporte básico del sistema educativo, que darán solidez a la construcción de los escenarios de trabajo que requiere la escuela mexicana.

CONSTRUCCIÓN DEL CONCEPTO DE GESTIÓN ESCOLAR
A partir de la firma del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (ANMEB), en 1992, la Política Educativa de nuestro país, ha buscado impulsar que el aula y la escuela se conviertan en el centro del funcionamiento del Sistema Educativo Nacional (SEN) y, que el tema de la Gestión esté presente en las actividades cotidianas de maestros, directivos y autoridades educativas.
Al respecto, Justa Ezpeleta (2004), considera que la centralización de la Escuela es descubierta por la Política Educativa como dimensión actuante en la producción de la enseñanza; la calidad es resignificada como síntesis de sus nuevas demandas; presentándose como principio, medida y meta para orientar y operar el sistema a la par de los principios de eficiencia, eficacia y equidad.
En las escuelas, la calidad necesita tanto de una renovación curricular como de nuevas formas de trabajo docente y directivo (véase Reforma de la Educación Secundaria). Caminar hacia las nuevas metas del Sistema Educativo Nacional y de la escuela supone cambiar las clásicas formas de operarlo; en cuanto a este aspecto, la Gestión es el medio para destrabar la burocratización del aparato que penetra la vida de la escuela, siendo su reorganización el soporte del SEN y de la actividad escolar. Es decir, la Gestión definitivamente debe estar presente y recorrer todas los niveles del sistema educativo.
Actualmente, tanto en los discursos gubernamentales y de los distintos actores educativos, así como en la bibliografía educativa, es notorio que se habla de Gestión, Gestión Pedagógica, Gestión Institucional, Gestión Escolar, Gestión de los Procesos Educativos, Gestión en el Aula, Gestión de la Calidad Educativa, etc., creando una falta de concisión y precisión con respecto al término Gestión. Por ello, resulta evidente e imprescindible, que se tenga que establecer un concepto, sino homogéneo y único, sí que permita señalar sus límites y alcances, ámbitos de competencia, características, clasificación, etc.; ya que para infortunio del SEN, todos los actores involucrados en el fenómeno educativo, hablan de Gestión de una manera genérica y coloquial, sin especificar un concepto claro que permita establecer con precisión a que se refieren específicamente.
En los últimos años, se ha planteado para el campo de la Administración Educativa (administración de la educación y coordinación de los procesos escolares y educacionales), la conveniencia de una revisión de su propia definición conceptual; prestándose a debate el surgimiento de un concepto integrador que es más abarcativo y significante, así hemos visto el surgimiento de la Gestión Educativa.
La Gestión Educativa, en su nivel macro, abarca a todo el Sistema Educativo Nacional; involucrando, por ende, a la Gestión Institucional, Escolar y Pedagógica.
En cuanto a la Gestión Institucional, esta resulta ser sumamente complicada y diversificada; primeramente porque puede ser considerada desde dos perspectivas, a partir de los procesos de desconcentración/ descentralización: como SEN de manera general y, de manera específica se puede contextualizar en alguno de los Sistemas Educativos Estatales; además, en la realidad cada uno de éstos procesos permitieron la conformación de una especie única de híbridos por cada entidad federativa. Por ejemplo, la Gestión Institucional, entre el estado de Puebla y el SEN, con respecto a la Gestión Institucional de cualquier otro estado de la república con el mismo SEN, difiere sustancialmente, debido a que cada una de estas entidades federativas sufrió diferentes procesos de desconcentración/ descentralización; por otra parte, es necesario señalar que cada estado de la República mexicana está facultado constitucionalmente para emitir su propia Ley de Educación local.
En cuanto al nivel micro, este tiene su ámbito de competencia en la Gestión Escolar y la Gestión Pedagógica; el primero se refiere a la unidad fundamental del SEN: a la Escuela, a cada institución escolar; mientras que el ámbito de Gestión Pedagógica, tiene su espacio en el lugar de interacción de los alumnos con los maestros, es el lugar donde se construyen las condiciones objetivas y subjetivas del trabajo docente, de manera abarcativa podemos considerarla como el aula escolar (el lugar donde se imparte la clase: dentro del salón de clases, en la cancha deportiva, en los laboratorios y talleres escolares, etc.); en términos generales es donde se da la esencia de la generación de enseñanzas y aprendizajes .
Se debe puntualizar, que si bien, dentro del ámbito de la Gestión Pedagógica quedan inmersos los espacios de la Gestión Escolar y la Gestión Institucional; la Gestión Pedagógica es la esencia de la Gestión Escolar y por ende, de la Gestión Educativa en su conjunto; es precisamente en la Gestión Pedagógica, donde se construyen las condiciones objetivas y subjetivas del trabajo docente.
Se ha coincidido que la Gestión Pedagógica y la Gestión escolar, si bien deben tener una estrecha relación con la Gestión Institucional, también deben de contar con un considerable grado de autonomía. Pero las circunstancias reales son otras, las escuelas, con la variante de ajustarse al nuevo centralismo de los gobiernos estatales, siguen organizadas y funcionando de acuerdo con las tradicionales reglas político-burocráticas. La Gestión Escolar a falta de una estructuración que la sostenga parece quedar librada a las frágiles formas que pueda ofrecerle la iniciativa individual, voluntaria y coyuntural de algunos directores o supervisores.
Por otra parte, en cuanto concepto de Gestión, como señala Susana Justo (2004), éste se relaciona con el término anglosajón “management” que se traduce al español como Dirección, Organización, Gerencia, pero, la Gestión no sólo se refiere únicamente a la Administración material, ni solo a la actuación de los Directivos en los distintos niveles del SEN.
La Gestión es el conjunto de procesos para dirigir la acción que desarrollan los actores educativos en las relaciones personales, pedagógicas, administrativas, laborales, políticas y sindicales que se producen en la dinámica educativa y escolar. Francisco López Rúperez (2000), señala que el término Gestión, se refiere al conjunto de procesos, planes y acciones del más alto nivel, desde un punto de vista organizativo, que controlan o afectan a la eficacia de los procesos de menor nivel de generalidad y es una condicionante de la Calidad.
En cuanto al término Gestión Educativa se coincide en que es un nuevo constructo producto del actual contexto educativo; “es una estrategia organizativa y una metodología de gestión que hace participar a todos los miembros de una organización con el objetivo fundamental de mejorar continuamente su eficacia y funcionalidad” (González, 2000). La Gestión Escolar empezó a vincularse a la calidad de la educación cuando se comenzaron a cuestionar los resultados obtenidos en la investigación educativa.
En este marco, el concepto de Escuela ha ido cambiando; actualmente se le concibe como un ecosistema social, en donde “las relaciones sociales y el intercambio de actuaciones comportamentales, las actitudes y el nexo psicosocial adquieren un extraordinario valor como medio de conocimiento y de aproximación entre los diferentes miembros de la comunidad escolar” (García, 1997).
A la Gestión Escolar, como lo puntualiza Silvia Schmelkes (2000) no se le puede considerar sinónimo de Administración Escolar, aunque la incluye. El Programa Escuelas de Calidad (PEC), la define, como: “[…] el conjunto de acciones realizadas por los actores escolares en relación con la tarea fundamental que le ha sido asignada a la escuela: generar las condiciones ambientales y procesos necesarios para que los alumnos aprendan conforme a los fines, objetivos y propósitos de la educación básica” (Villa, 2005).
La Gestión requiere siempre un responsable; y para que esta gestión sea adecuada, dicho responsable ha de tener la capacidad de liderazgo, el cual debe estar vinculado con el quehacer central de la escuela, que es el de formar y educar a los alumnos. Pero la Gestión Escolar no se reduce a la función del Director, sino que pone a dicha función en relación con el trabajo colegiado del personal y la hace participar en las relaciones que, a su vez, se establecen entre los diferentes actores de la comunidad educativa; es decir, la Organización Escolar junto con la Cultura Escolar, es consecuencia de la Gestión.
En los últimos lustros, la gestión y organización escolar han formado parte de las líneas directrices en las que se sustentan los procesos de reforma y reestructuración del Sistema Educativo Nacional; esto ha convertido en palabras de uso corriente conceptos como cambio, colaboración, autonomía e innovación. Se trata de términos que aparecen como referencias constantes en las discusiones, en la formulación de propuestas y en las estrategias adoptadas para mejorar la calidad de la enseñanza y los aprendizajes que se espera adquieran niños y jóvenes en las escuelas de Educación Básica.
Por lo tanto, la conceptualización de la Gestión Escolar, como un campo que alberga una gran diversidad de visiones sobre la escuela y la educación, es no solo inaplazable, sino urgente; a fin de identificar cuál es la naturaleza de los discursos que sustentan nuestras propuestas de intervención, formación o investigación en este campo de la vida educativa, así como los problemas e implicaciones ideológicas, políticas, sociales y éticas y temas asociados, entre los que destacan la autonomía, el liderazgo, la participación social y el trabajo colegiado por mencionar los más recurrentes en los discursos reformadores.
Como se puede observar, el concepto de Gestión, tiene relación con la Dirección, la Organización y el funcionamiento no solo de las instituciones educativas sino del mismo SEN. En cuanto a los ámbitos de acción de la Gestión Educativa, la Gestión Institucional se refiere a la conducción político-organizativa y administrativa del sistema educativo a nivel nacional y/o estatal; por su parte la Gestión Escolar, tiene que ver con el mejoramiento de la organización y funcionamiento de las escuelas; vinculando las prácticas de organización de directivos y maestros con los procesos de enseñanza-aprendizaje (Gestión Pedagógica).
Actualmente se ha renovado el interés por la escuela como unidad básica y centro del cambio educativo, cuestión explícitamente señalada en el marco de la política educativa, donde más que de la reestructuración del sistema, se habla de la reforma de la escuela; es decir, la atención a la Educación Básica en este aspecto está centrada prioritariamente en el mejoramiento de la organización de las tareas educativas y del funcionamiento de cada plantel escolar.
Concluyendo, a la Gestión se le debe entender como una función articuladora entre las distintas instancias educativas, que van desde los más altos niveles jerárquicos (Secretaría de Educación Pública a nivel federal y Secretaría u Órganos de Educación Pública Estatal) hasta cada uno de los planteles escolares, llegando al interior de los mismos, ponderando a sus actores principales: alumnos, maestros, directivos y padres de familia.
Además, se debe considerar que los procesos de gestión se desarrollan no sólo forma vertical sino también horizontal y, que abarcan tanto a la teoría como a la práctica; se desprende entonces, que su función se tiene que encaminar hacia el mejoramiento continuo de la Escuela, ya que es ahí, de donde se parte, para lograr los fines y propósitos que se plantean en el Sistema Educativo Nacional.
Por último, sintetizando y centrándose en el tema de estudio, podemos establecer que la Gestión Escolar es el conjunto de acciones que permiten articular la organización y funcionamiento de las escuelas, centrando las actividades en lo pedagógico-educativo; transmitiendo a los profesores las orientaciones psicotécnico pedagógicas que hay que realizar conforme a los programas y planes de estudio, motivando a la comunidad escolar a resolver a través del trabajo colectivo los diferentes retos y problemas escolares.
La Gestión Escolar, tiene un carácter holístico que permite superar la fragmentación en todos los ámbitos de competencia, tanto al interior de la Escuela como en su globalidad en el SEN; ya que evita que en las prácticas escolares se separen las fases del proceso administrativo (planeación, organización, motivación y control), con las organizativas y las académico-pedagógicas.

Escuela Normal Superior Federalizada del Estado de Puebla (ENSFEP). Mtro. Adolfo Napoleón Flores Mtz.

Resulta inequívoco señalar, que cada ciclo escolar es diferente. Con dificultades podríamos encontrar en la historia de una Institución Educativa dos hechos iguales; durante cada año escolar, al seno de cada plantel educativo conviven diferentes modos de apreciar nuestro pasado, nuestro presente y la visión de futuro que se tiene en este multiforme y multicambiante mundo en el que nos ha tocado vivir.
En nuestra querida Escuela Normal Superior Federalizada del Estado de Puebla (ENSFEP), siempre se ha procurado que sea un lugar donde coexistan las diversas formas de comprender la esencia y la razón de ser del maestro y su trabajo: La Educación Pública Nacional. Un espacio donde se entiendan las nuevas formas de relacionarse con los distintos actores de la sociedad; donde se vislumbre de manera objetiva los nuevos retos y demandas de convivir en un mundo globalizado.
Por ello, el inicio, trascurso y final de cada ciclo escolar, es una nueva oportunidad para reflexionar, alumnos, maestros y cuerpo directivo, sobre las particularidades del quehacer educativo y social que nos corresponde realizar como actores de nuestro propio destino. Hacer bien esta reflexión, implica recuperar lo mejor de nuestro pasado histórico, porque en él encontramos experiencias valiosas de acuerdo a las circunstancias de su propia época; permitiéndonos cimentar un presente más sólido, con una visión que nos permita ser mejores en el transcurrir del tiempo. Por ello, no está por demás decir que importa mucho la manera en que nosotros mismos percibamos nuestras fortalezas y debilidades. Un diagnóstico certero del entorno en el que nos corresponde actuar, necesariamente redundará en una mayor productividad y éxito en la alta función social que nos ha sido encomendada como maestros, como una vía para contribuir a mejorar a nuestra Patria.
La globalización, los procesos postmodernos y la generalización de la tecnología y la información, han propiciado cambios en todos los órdenes sociales. Nuestro país, forma parte de una vida social mundializada que se caracteriza por una cantidad ilimitada de procesos de ruptura, de saltos y brechas. En este contexto, la escuela del siglo XXI, emerge a una serie de escenarios donde parece haber más preguntas que respuestas, donde lo característico es el aumento de la incertidumbre y la disolución de paradigmas que nos señalaban certezas.
Las reglas con las que nos relacionamos ya no funcionan; los sistemas pierden el equilibrio; y más preocupante aún, la honorabilidad y credibilidad de las personas y las instituciones se está extinguiendo. Los nuevos escenarios nos obligan a correr riesgos, asumiendo el desafío de resolver lo diverso, lo dinámico, lo complejo e inestable.
En los últimos lustros, la sociedad ha volcado su interés en la educación, dándole un nuevo y diferente lugar. Actualmente, la sociedad está exigiendo una educación nueva, una educación de calidad, que no se limite a la adquisición de conocimientos, sino que aspire a ser un proceso del ser humano y de su grupo social.
Por ello, si bien, la educación pública mexicana actual, conserva el mismo espíritu de sus inicios, enfrenta retos, que no son iguales; la educación nacional exige hoy, verdaderas transformaciones, sin simulaciones, para que esté, a la altura de los desafíos de este nuevo siglo.
Como mexicanos, nos hemos ufanado de haber tenido la primera revolución social del siglo XX; y de lograr, una Constitución que plasma en sus páginas las luchas sociales y las reivindicaciones históricas de nuestro pueblo. La escuela pública, producto de nuestra Carta Magna, se basa en las ideas de gratuidad, obligatoriedad y equidad, en el intento de compensar las diferencias sociales. El magisterio nacional, ha tenido un papel preponderante en este sentido, como lo señaló, Ignacio Manuel Altamirano:
“el magisterio ilumina con sus conocimientos a toda la República, despierta las más nobles aspiraciones en los niños y jóvenes y los incorpora a una vida más plena… llevando con las letras, las libertades y los derechos a los pueblos más remotos, manteniendo vigoroso nuestro amor a México y nuestro orgullo de ser mexicanos”.
En este contexto, el normalismo, representa la presencia y acción de muchas generaciones de maestros, que han hecho posible la educación nacional. Socialmente, se le reconoce como una de las fuerzas decisivas que ha impulsado el desarrollo de la nación. Su importancia y trascendencia es innegable. El normalismo constituye en sí mismo, un movimiento social primordial y una fuerza histórica significativa.
En consecuencia, el buen desempeño cotidiano de los maestros en relación con sus alumnos y la comunidad, son factores primordiales para asegurar el cumplimiento de las funciones esperadas, y esto, sólo se logrará sobre la base firme de una formación adecuada en las escuelas normales.
Los paradigmas, hasta hoy aceptados, se transforman radical y constantemente en retos, crisis y problemas, que exigen a los docentes en formación nuevas competencias, que sólo se alcanzaran a través de una ordenada y constante preparación. Entendido de esta manera, todo cambio educativo, debe iniciar en las instituciones formadoras de docentes.
Por lo tanto, es necesario un Normalismo vigoroso, renovado y prospectivo, en donde se siga una formación basada en una filosofía pedagógica de inspiración liberal, respetuosa de las diversas formas de pensar y con el ejercicio constante de los valores humanistas. Formando así, nuevas generaciones de docentes que luchen para superar las actuales condiciones de vida.
México, requiere de maestros libres, responsables, solidarios, perfectibles y trascendentes. Maestros, que inculquen valores, como el amor a la patria, a la comunidad y la familia; como el compañerismo, la solidaridad, la tolerancia, la honestidad y la disciplina; el esfuerzo personal y el trabajo en equipo; el cumplimiento de las leyes y el saber supeditar los intereses personales al beneficio común; de ello, depende que podamos reconstruir nuestro país, en un lugar más seguro, justo, democrático y próspero.
Con el ejemplo, debemos hacer ver lo importantes que son el esfuerzo y la perseverancia para alcanzar las metas que nos proponemos, como lo señaló, José Vasconcelos: “en el alma y el ejemplo de las maestras y maestros nuestra Patria tendrá un futuro promisorio”.
Compañeras y compañeros normalistas: en nuestro trabajo cotidiano, debemos ser entes críticos, con capacidad de propuesta y comprometidos con las grandes causas de la nación; debemos aprender a ganar en la batalla de las ideas y de los argumentos. Desarrollando, al mismo tiempo, conocimientos teóricos y experiencias; cimentando aptitudes y actitudes, como resultado culminante de una formación ecléctica; así como de un conocimiento ético y profesional, que nos permita una clara conciencia de nuestras obligaciones como educadores. Educando para el cambio, formando personas ricas en originalidad, flexibilidad, visión futura, iniciativa y confianza; personas capaces de asumir los riesgos y afrontar los obstáculos; con competencias para trascender a través de la innovación.
El camino es difícil, cierto, pero veamos en las palabras de Fernando Savater, la certeza para mantener la esperanza: “Educar es transmitir humanidad. Y ésta no es un programa ya establecido. Los animales o las plantas nacen programados para ser lo que son… Los humanos, al contrario nacemos abiertos, inacabados y para llegar a alcanzar la humanidad tenemos que contagiarnos de la de otros”. Por eso, desde este espacio, manifiesto mi más amplio reconocimiento y profunda admiración, a quienes, como señala Ikram Antaki: nos enseñan a equivocarnos menos sobre el mundo; a quienes con esfuerzo, entrega y dedicación, hacen posible una mejorar formación de las nuevas generaciones de docentes, a mis compañeros maestros formadores de maestros, a todos ellos:
¡Gracias, por su vocación y misión educativa!
Particularmente, hago extensiva esta consideración a quien tiene la alta responsabilidad de conducir los destinos de este plantel educativo, a la Mtra. María Teresa Lara Herver, Directora de nuestra querida Escuela Normal Superior Federalizada, para ella y todo su personal directivo y administrativo mi más alto reconocimiento.
“Ejercer la libertad para trascender en el tiempo”
¡Escuela Normal Superior federalizada del Estado de Puebla!
¡Más de 20 años, sirviendo a la formación de docentes!
Mtro. Adolfo Napoleón Flores Martínez