LA CAÍDA


Son las 5:45 de la mañana, el frío de enero golpea mi rostro; mi cuerpo no puede dejar de temblar bajo la ropa desgastada que lo cubre. A esta hora, ya se observan otros que sufren las mismas inclemencias que yo. Que realidad, después de veinticinco años de servicio -quince en varias poblaciones de la sierra de Huauchinango, cuatro en las cercanías de Tetela de Ocampo y los restantes en la región de Serdán- ahora que me han ubicado en la ciudad capital del estado, tengo que viajar durante más de hora y media para llegar a mi centro de trabajo.
La “micro” no pasa, el frío matinal arrecia. Veo a mi lado a una jovencita que seguramente no pudo seguir asistiendo a la escuela y recuerdo cuando era de su edad… Ay, si mi padre me viera, cuánta razón tenía, no debí haber estudiado para profesor… El susurro del viento parece traer la voz de mi viejo: “mírate en este espejo, de maestro nunca vas a salir de fregado, mira a tu madre, ni para sus medicinas me alcanza, y las que da el ISSSTE son puros paliativos; estudia para otra cosa, de esto se muere uno de hambre, sobre todo cuando uno es ya jubilado, cuando uno ya dio todo…” Los faros de la “micro” interrumpen mis pensamientos, busco rápidamente en mis bolsillos y saco mi último billete de a veinte pesos, lo bueno es que es fin de quincena.
A más de medio camino, después de haber transbordado a otra “micro”, el frío disminuye, parece que el día mejora. Cierro los ojos, dormito un poco, todavía hay tiempo. Parece que voy cayendo en un profundo abismo… De pronto, un agudo dolor en mis costillas me vuelve a la realidad, el viejo portafolios herencia de mi pobre padre, se me ha enterrado en las costillas. Los gritos desesperados de los demás pasajeros me indican que algo grave a sucedido. Sí, chocamos contra un árbol, al quedarse sin frenos, el chofer optó por detenerse contra él. Bajo asustado revisándome, no me pasó nada aparentemente; observo que nadie salió gravemente herido y decido por retirarme del lugar de los hechos, abordo otra “colectiva”. No tarda mucho, voy pensativo, reflexionando que corta puede ser la vida… me acerco a mi destino… veo el reloj, nuevamente se me ha hecho tarde.
Llego corriendo hasta la subdirección para firmar el rol de asistencia, no lo encuentro, me enfado y voy a reclamarle a la secretaria. Ella de momento se sorprende, después, me contesta tajantemente que son indicaciones del Director, que hable con él.
Que fácil, en la quincena he llegado dos veces tarde, no quiero escuchar su letanía y su frase gastada sobre la puntualidad. Cabrón como el llega en carro, y del año. Pero ni modo, a apechugar para que no haga proceder el descuento. Le comento lo del accidente, me mira como dudando… sonríe, luego me dice: “hombre a todos de vez en cuando se nos hace tarde, no hay necesidad de complicarse con tan malos pretextos”. Me dan ganas de levantarme la camisa para que vea mis costillas golpeadas, me detengo, no lo daré ese gusto, sonrío y le reitero que es cierto lo que le he contado, se da la vuela y se aleja moviendo la cabeza sin decir nada. Chinge a su madre, pienso, y me voy rumiando mi coraje a mi primera clase, todavía faltan veinte minutos.
Entro al salón, los alumnos guardan silencio, saben que soy estricto y no se permiten desordenes en mis clases. Saco la lista y pregunto al jefe de grupo quien faltó. Les pido que saquen sus libretas y que apunten la tarea para la siguiente sesión, ya no hay tiempo para otra cosa. Salgo enfadado porque tengo dos horas ahorcadas… Que poca del Director, como no soy de su equipo político me jodió poniéndome horas muertas. Pero para el próximo periodo voy a buscar ser Secretario Delegacional y, entonces sí, ya verá el recabroncito como le va…
Aprovecho para ir a comer una torta a la tienda de enfrente. Grata es mi sorpresa al encontrarme a Chavelita, la secretaria de los primeros años. Le saludo afectuosamente, ella me contesta con esa coquetería que le es característica. Pienso para mis adentros: “en el festejo de mayo ahora si seguro sueltas condenada; te me escapaste este diciembre porque el pinche director no nos dejaba de ver y de plano me “chivie”, con lo moralista que se dice… Cabrón, como si no supiéramos que anda con su “secre”, la hija de “Don Alcahuete”, el conserje de la tarde…” Me animo y le cuento a Chavelita lo que me ha sucedido a lo largo de la mañana. Ella me escucha con atención. Cuando finalizo, me mira a los ojos sarcásticamente y me dice con voz tranquila y pausada: “ya no te compliques la vida, pásate al equipo de nosotros con el Director, vas a ver como todo te mejora, chance y hasta tiempo completo consigues…” Terminamos nuestros alimentos, después de haber comentado ampliamente su propuesta volvemos a la escuela a nuestras respectivas actividades.
En la tarde, cansado, de regreso a mí casa, voy reflexionando en lo comentado con Chavelita. Mi mente se aleja de la “micro” donde viajo. Recuerdo mis años mozos en el servicio… con que entusiasmo iba a mi escuelita primaria. No me importaba que yo fuera el único maestro, o que su construcción fuera de madera y carente de todos los servicios, o que solo contara con unos cuantos alumnos, de los cuales por cierto, haría unos “Benitos Juárez”. No, nada de eso importaba yo tenía tanto entusiasmo… Pero, el tiempo… sí, el tiempo como nos cambia… Esa alegría se hizo frustración, resentimiento, amargura… Mis ideas, un tanto izquierdistas, me hicieron chocar, primero, con el Secretario Delegacional, al observar ciertas arbitrariedades contra mis compañeros, después, con el Supervisor Escolar, que dicho sea de paso, estaba coludido con el representante sindical. Me metí en problemas y me mandaron a la escuela más alejada, a la de castigo. Mis compañeros entonces… entonces se hicieron de la vista gorda, nadie se atrevió a decir nada. No desistí de mis convicciones, y, lo que no pude hacer en mi Zona Escolar, traté de impulsarlo en la Normal Superior, entre mis compañeros… También ahí tuve que pagar mi falta de “disciplina”, no pude titularme, alguien se sintió lesionado…
Diecinueve años para conseguir cambiar mi clave de primaria, por 24 horas de Español en una secundaria de Cd. Serdan. Y luego, cuatro horas “recortadas” por el Secretario de Trabajo y Conflictos de mi Sección Sindical, para poder llegar a Puebla... Cuarentaitres años encima y un “montón” de deudas a pagar. Tres hijos, dos en la prepa y uno en la universidad y yo, firme con mis ideales… Siempre simpaticé con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, pero en este estado de la República, nadie le quiere entrar para no meterse en broncas, ni los más “contreras”. En las reuniones sindicales siempre participo, mis puntos de vista son bien vistos, aunque generalmente no tienen eco. En la Unidad Habitacional formo parte del Comité de Colonos. Desde hace años simpatizo con el PRD…Tal vez Chavelita tenga razón, ya basta de andar de idealista... Demonios, me pase varias calles por venir en mis “rollos”.
A la hora de sentarnos a la mesa, la comida es escasa, los gastos del hogar son muchos. A mi pobre mujer, a mi fiel compañera, los años y las penas se le han venido encima, se le ve cansada, desgastada. Su belleza mestiza antes altiva, ahora se está marchitando, extinguiendo… Me ofrece más comida, la miro con el mismo amor con que la he visto siempre, se lo agradezco, sé que es parte de la ración que le corresponde, lo sé, me duele… Prefiero ir a revisar los trabajos de mis alumnos.
…Son las 2:00 de la madrugada… no puedo conciliar el sueño, la propuesta de Chavelita retumba en mi cerebro… Prendo un cigarro, el humo en espirales dibuja la sensual silueta de la mujer deseada. Voy al librero, tomo un libro al azar, “El Príncipe”, de Maquiavelo, lo releo...
Estoy decidido… entro a la oficina del director, cierro la puerta, le sonrío con un cinismo que no es mío… prendo un cigarro al mismo tiempo que le expongo mi idea de ser el próximo Secretario Delegacional… Él, me observa detenidamente, de repente, me pregunta que cuál es mi equipo de trabajo… lo miro profundamente y le digo con toda firmeza que lo quiero conformar con él…
Se hace un silencio sepulcral… él agacha la cabeza meditabundo, me pide pensarlo… Más tarde, pasa por mí, a mi salón de clases junto con un prefecto, al cual le indica que cubra mis demás grupos con que tengo clases, porque vamos a salir a la SEP… “El Negrito” es una cervecería muy concurrida y con buena botana. Nos sentamos en una mesa del fondo y sin mayor preámbulo pide una botella de Torres 10. Hablamos de la inflación, de política nacional, de educación. De todo, en medio de la música a todo volumen, de los gritos y las risotadas de los demás parroquianos.
A la mitad de la segunda botella la charla se vuelve más candente. Los temas ahora versan sobre religión, moral, sexo… Llega la pregunta esperada: ¿Por qué quieres ser el representante sindical de la escuela?, me cuestiona directamente el Director. Me tomo mi tiempo para contestar… Le observo con mirada vidriosa y con voz entrecortada, le digo en tono filosófico: “ya me canse de andar de pendejo”… Me observa seriamente… De momento, suelta una sonora carcajada que hace voltear hacia nosotros a los demás beodos. Bien, muy bien dicho, brindemos por ello. Salud… Acá entre nos, tenía yo temor de que fueras a lanzarte del otro lado, pero lo bueno es que recapacitaste, mejor así, nos la vamos a llevar de calle. Tu buena reputación e imagen, y mis mañas nos van a servir mucho. Más sabe el Director, por diablo… Se carcajea nuevamente… Brindemos...
Ya se te hizo tarde, ya levántate y vete a la escuela… Escucho decir a mi mujer, entre enfadada y preocupada… El agua fría me ayuda a despejarme. Entro a la oficina y no encuentro el rol de asistencia, la secretaria me saluda cordialmente, pidiéndome que vaya a hablar con el Director. Pongo la mejor cara que puedo y paso a su oficina; él, al verme, se levanta rápidamente y me ofrece una silla. Cierra la puerta y ya solos, va directo al asunto: amigo Chuchito –con lo mal que me cae que me llamen así, pero ni modo-, la cruda me está matando y usted y yo tenemos algunas cosas pendientes que comentar, así que váyale diciendo al prefecto Luisito en que va en sus programas, para que él de sus clases. En media hora paso por usted.
¡Que sabroso cocinan en los mariscos del mercado Independencia!, o tal vez sea la cruda, o que ya tenía mucho que no comía unos marisquitos, no sé, y eso ya no parece importante. El Director ve como sudo y me pregunta: ¿Qué tal la crudita?, de momento solo alcanzo a sonreír. Mi mente recuerda vagamente las veces que baile con la chica de los pantalones de colores en aquel centro nocturno la noche anterior, era muy bonita… La voz y el aliento cargado al hablar de mi “jefe” me vuelven a la realidad… Salud, mi próximo líder...
Titubeando, con esfuerzo, expreso: Bueno, pues, dígame usted cómo le vamos a hacer para sacar esta “bronca”... Él, me mira como quien se las sabe todas, no contesta luego, se toma su tiempo… No te preocupes de eso ahora, dice pausadamente, mañana con la cabeza ya más en claro empezamos a chambear en el asuntito...
Protesta guardar y hacer guardar… Si, protesto. He ganado con mayoría de votos y planilla única, fue fácil convencer a los “borregos”, perdón a los compañeros. Por primera vez en mi vida, me siento como un verdadero triunfador...
Ayer fue quincena, rápidamente hacemos una cooperación y con lo que ha dejado el anterior Comité Delegacional nos vamos a festejar. Chavelita me toma del brazo cuando entramos al restaurante. Se sienta a mi lado sonriente, radiante… El Director tiene discretamente enfrente de él a su “secre”. De momento se pone de píe y pide hacer uso de la palabra: “Estoy sumamente contento y emocionado, porque, por primera vez en muchos años hemos encontrado al hombre que logro la unidad sindical de nuestra escuela… Maestro Chuchito, que lo que venga sea para bien de todos, muchas gracias. Aplausos, muchos aplausos. Se sienta, yo me veo precisado también a hablar: Compañeros, les prometo que voy a actuar imparcialmente en beneficio de todos ustedes... gracias. Los aplausos, nuevamente no se hacen esperar. Me siento cínico, no me importa, la cuarta cuba me está asentando bien…
Chavelita huele rico, su piel es fresca, sus formas torneadas y que manera de… Caramba, ya son las nueve de la mañana, me sobresalto. Ella entreabre los ojos, me mira pícara, somnolienta. No te preocupes… háblale al jefe que no vamos a ir a trabajar y ya. Se vuelve a dormir. Mi preocupación no es esa, ya me venía imaginando que las cosas así funcionarían... Salgo sin despedirme de su casa, busco un taxi y llego a la mía con cara de inocente y mirada baja, mi mujer me observa con ojos sorprendidos, sin reclamos. Después de veintitrés años de casados nunca me había quedado a dormir fuera de mi hogar. Me da de desayunar en silencio… Antes de salir a trabajar, me dice casi susurrando que necesita el dinero del gasto. Le contesto de igual forma, que se lo doy más tarde. Sé que me he gastado todo en la parranda del día anterior.
Ha pasado más año y once meses, ya logre obtener mi tiempo completo, pero aunque mi sueldo se ha incrementado, no me es suficiente para mis nuevos gastos. Las parrandas y Chavelita reclaman lo suyo. Y lo peor, el cargo sindical se me está acabando… Tuve que publicar la convocatoria de renovación de Comité Delegacional, porque ya era un reclamo, una exigencia de los compañeros. Nadie me busca ahora. Parezco “apestado”. Si cuando menos me hubiera tocado congreso, tal vez…
Rindo mi último informe. Paso a tomar lugar entre los demás “miembros activos” de la delegación, me siento vacío, solo. Tras de mí, escucho los comentarios en voz baja sobre mi mala gestión… hay resentimiento… encono… burla…
Chavelita, está muy sonriente… Pero no es conmigo, sino con el nuevo Secretario Delegacional. Dicen que le prometió un cambio de clave. No me importa, siempre supe que era medio cascos flojos. Lo que si me preocupa es cómo voy a salir de tantas deudas que me eché a cuestas por andar en la “grilla”…
Entramos al restaurante donde vamos a festejar por el nuevo representante sindical. Yo, voy al fondo… en silencio… solo… Observo. El nuevo secretario como todo triunfador se sienta al centro de la mesa principal. A su lado Chavelita sonriente. El Director, tiene frene a él, discretamente, a su “secre”. Tanto él, como el nuevo dirigente, hacen uso de la palabra. Aplausos, muchos aplausos Lo mismo, siempre lo mismo: ¡Muera el rey! ¡Viva el rey!... Al terminar los discursos, sirven la comida, no tengo hambre. Ya voy con la octava cuba, que bien me siento… El dinero, las deudas, los problemas, la traición de Chavelita… Eso, eso es para otros…Veo el fondo de mi vaso… Hay que “chupar, porque el mundo se va a acabar”… Salud me digo a mi mismo…Dos años pasan rápido… Tal vez otra vez pueda llegar a ser Secretario Deleg… ¡hip!