"Día Internacional de la Mujer"


El mundo actual, lleno de conflictos y contrastantes situaciones en todos los ámbitos, reclama esfuerzos comunes; en ese sentido, es necesario partir de un hecho incuestionable, la sociedad humana forma una sola gran familia desde todos los tiempos; por ello, la celebración del 8 de marzo, es una brillante oportunidad para reflexionar acerca de la situación de los Derechos Humanos de la Mujer; estableciendo muy puntualmente, que no se trata una disputa entre hombres y mujeres; sino de simple y llanamente reconocer que con el irrestricto respeto por los derechos humanos, las mujeres y los hombres juntos, respetándonos, podemos construir la Patria y el mundo que al que aspiramos; con una perspectiva de género, no a partir de las diferencias, sino de las complementariedades; no a partir de la exclusión ni de una añadidura misógina, sino a partir de una actitud incluyente y tolerante.
La oportunidad de celebrar un aniversario más del “Día Internacional de la Mujer”, nos brinda un excelente marco para reflexionar sobre lo que las mujeres aportan y lo que las niñas representan en el futuro de nuestro país y del mundo; para revisar minuciosamente lo que hemos avanzado en el terreno de la equidad de género, pero también para concientizarnos sobre los retos que aún nos faltan afrontar.
Actualmente, muchas mujeres se desenvuelven exitosamente en los distintos niveles socio-culturales, como funcionarias, políticas, dirigentes, líderes sindicales, maestras, empresarias y madres de familia. Mujeres emprendedoras, que preparan el camino a las niñas y a los niños que están formando y que les sirven de ejemplo y de inspiración. Mujeres que rompen con la creencia, aún arraigada, de que son como frágiles flores, cuando en realidad, son como montañas majestuosas en contra de las adversidades.
Por ello, resulta paradójico en el inicio de esta nueva era, que existiendo muchas mujeres que se desenvuelven de forma emprendedora e independiente, al mismo tiempo, coexistan millones de niñas, adolescentes, jóvenes, madres y ancianas, experimentando violencia, acoso sexual y desigualdad de derechos.
Si bien, en el siglo XX, se sentaron muchas de las bases para corregir las profundas asimetrías que enfrenta la mujer, con la aprobación de un conjunto de tratados y acuerdos que son la base para eliminar la discriminación y la disparidad sexual por motivo de género y la violación constante de sus derechos humanos, se debe ser consciente de que aún persisten profundas brechas entre la existencia de estos derechos y la posibilidad de que sean disfrutados plenamente por la Mujer y la Niña del siglo XXI.
Por lo tanto, resulta ineludible crear espacios que consoliden las conquistas logradas y que permitan trazar nuevas y mejores metas; obligando y comprometiendo a todos, a que "los Derechos Humanos de la Mujer y de la Niña sean parte inalienable, integrante e indivisible de los derechos humanos universales", tal como lo señala la Declaración y Programa de Acción de Viena.
Todos, desde el ámbito de nuestra competencia, estamos obligados a propiciar acciones contundentes para erradicar los altos grados de violencia física, sexual y moral, que aun sufren muchas mujeres que ya participan en la vida política, económica y social del país, pero que tienen que pagar el precio de la calumnia, el acoso y la descalificación; desde luego, sin olvidar los grupos de mujeres rurales e indígenas que se encuentran en condiciones de extrema desprotección y vulnerabilidad y, que por tanto deben ser foco de especial atención.
De acuerdo a un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, “en algún momento de sus vidas más de la mitad de todas las mujeres latinoamericanas han sido objeto de agresiones en sus hogares. Un 33 por ciento fue víctima de abusos sexuales entre las edades de 16 y 49 años, mientras el 45 por ciento recibió amenazas, insultos y la destrucción de objetos personales; estos atropellos que a diario se viven se dan sólo por el hecho de ser mujeres, convirtiendo así, al estado de derecho en una utopía.
Socialmente, la igualdad de géneros no sólo es un objetivo por derecho propio; es de importancia crítica para nuestra capacidad de alcanzar todos los demás; cuando la mujer participa plenamente, los beneficios pueden verse inmediatamente: las familias están más sanas y mejor alimentadas; aumentan sus ingresos, ahorros e inversiones y más importante aún, solidifican el núcleo familiar; además, lo que es cierto para las familias, también lo es para las comunidades y, a la larga, para los países enteros: potenciar el papel de la mujer no es sólo un fin en sí mismo; es una necesidad fundamental para alcanzar todos los demás objetivos.
Coincidimos con las mujeres que reclaman políticas y acciones que les permitan acceder a los beneficios sociales y económicos de nuestro país; favoreciendo un desarrollo equitativo, así como, una representación adecuada en la vida empresarial, política, sindical e institucional. Una participación más equitativa en la toma de decisiones, que pueda convertirse en un instrumento que permita escuchar las voces de las mujeres y recibir sus aportes y demandas para la construcción de una sociedad más justa. Nuestro principal legado para las actuales y próximas generaciones debe ser el ejercicio efectivo de los Derechos Humanos, particularmente los de las Mujeres y Niñas.
Los formadores de las nuevas generaciones de ciudadanos, debemos entendemos a la humanidad como una especie mixta, como una sociedad mixta; por lo tanto, anhelamos que podamos vivir en un mundo donde ambos sexos compartamos equitativamente. Partiendo del hecho, que no se trata de que los hombres seamos las portavoces de las demandas femeninas, o viceversa, sino de que desde la equidad, vista como la igualdad con reconocimiento de las diferencias, mujeres y hombres, tratemos juntos, todos los temas que afectan a la sociedad.
Desde luego, para que estas intenciones sean fructíferas, debemos primero fortalecer lo avanzado e impulsar lo que falta mediante el compromiso conjunto de todos los actores sociales. El problema que hoy enfrentamos, debe formar parte trascendental de una agenda pendiente, orientada a una sociedad más justa y democrática, que erradique la inequidad social y desarrolle de manera efectiva la influencia de la mujer en todos los niveles de la vida pública; acrecentando así, las posibilidades de cambio hacia la igualdad entre géneros y el empoderamiento de la Mujer.
Hagamos realidad este sueño, fomentemos una conciencia colectiva de los derechos que le asisten a las mujeres y a las niñas; haciendo de estos derechos, principios éticos perdurables en el seno de la familia, la vida profesional y la sociedad.
Reducir la discriminación y la disparidad sexual no solo debe ser una obligación del Estado, sino un compromiso de todos los ciudadanos, comprometiéndonos todos a cambiar el futuro de la mujer; de lo contrario, las normas nacionales e internacionales que promueven el respeto de los derechos humanos de la mujer sólo serán letra muerta, y en consecuencia, la disparidad económica y social será cada vez más profunda.
La educación, ha probado ser el pilar más eficaz para el desarrollo integral de los seres humanos, es una oportunidad de superación para todos; para la mujer significa un cambio de vida para siempre, ya que le permite encontrar el camino más seguro para exigir el respeto de los derechos que le asisten como ser humano. Una mujer educada tiene las habilidades y la autoestima necesarias para hacer de ella una madre, una trabajadora y una mejor ciudadana.
Toda inversión educativa dirigida a la mujer es hoy día una opción económica segura, ya que la educación influye en todo el ciclo de vida de la mujer y de su familia; como un poderoso instrumento para la protección jurídica contra la violencia, para el control de la reproducción, para su capacidad de contraer matrimonio y de divorciarse, para la adopción de decisiones respecto a los bienes del hogar, para mejores opciones de empleo y oportunidades de acceso a los espacios político, social y económico.
Se ha comprobado que la utilidades económicas derivadas de la inversión en la educación de la mujer rinden excelentes dividendos, debido a que las mujeres educadas aprovechan mejor sus conocimientos para superarse profesional, familiar y socialmente, y ocupar aquellos espacios que le han sido negados por prejuicios y costumbres perniciosas; además, una mujer educada invierte mayores recursos en la formación de sus hijos.
Por otra parte, el acceso de la mujer a la educación le facilita el uso adecuado del sistema judicial para ejercer sus derechos familiares, laborales, civiles y penales. Esto es trascendental, ya que se debe recordar que el disfrute de la igualdad de derechos de la mujer a menudo se ve obstaculizado por la existencia de procedimientos administrativos excesivamente complejos y por la falta de sensibilidad de los órganos judiciales respecto a los derechos humanos de la mujer; por la representación insuficiente para ellas, en los organismos de administración de justicia, y la presencia de actitudes y prácticas nocivas en la sociedad que perpetúan la desigualdad de facto.
Consecuentemente, este 8 de marzo no sólo debe quedar como una mera celebración; debe ir más allá, debe ser un día de reflexión y de compromiso por parte de toda la sociedad en su conjunto, para fomentar la toma de conciencia pública de los progresos realizados en el logro de disfrute igual de los derechos humanos y de encontrar nuevos recursos para fortalecer el largo camino que aún nos queda por recorrer para que los Derechos Humanos de las Mujeres sean reconocidos plenamente y respetados de hecho y de derecho por los ciudadanos, los gobiernos y la comunidad nacional e internacional.
El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, como una Organización de avanzada, democrático-social, reconoce y conmemora las múltiples contribuciones de las mujeres a su progreso, desarrollo y fortalecimiento. El S.N.T.E., está comprometido con la formación de una conciencia clara de la situación femenina y de sus luchas por vivir en un mundo con menos violencia, menos discriminación y mayor igualdad en la distribución de las oportunidades.
Nuestra Organización Sindical, reconoce que la mujer Trabajadora de la Educación, ha pasado a la historia laboral y sindical, como promotora de la solidaridad y la unidad; ya que sin su capacidad de resistencia y de lucha no existirían muchos de nuestros logros y avances sindicales. Nuestra Organización gremial, comparte la atinada opinión de Don José Vasconcelos, quien siendo Secretario de Educación Pública, estaba plenamente convencido de que la incorporación de las mujeres al magisterio resultaba sumamente benéfica, en el sentido de que su tarea educativa sería entendida como una tarea moral, sensible e incluso espiritual, que podría asegurar la calidad deseada.
Las Mujeres Trabajadoras representan un amplio sector del magisterio; esto permite que el S.N.T.E., cada día está más comprometido con la incorporación de la perspectiva de género al trabajo sindical. El S.N.T.E. del siglo XXI, como una organización eminentemente social, en su Declaración de Principios, considera la equidad de género como eje transversal y elemento indispensable del régimen democrático que garantiza igualdad entre mujeres y hombres; reconociendo y conmemorando las muchas contribuciones de las mujeres en su avance, crecimiento y fortalecimiento; por lo que está comprometido a promover la toma de conciencia de la situación femenina y de sus justas luchas por vivir en un mundo con mayor igualdad.
En el marco de esta celebración, es pertinente señalar que dentro de las acciones propias de la Movilización hacia el IV Congreso Nacional de Educación y 2º Encuentro Nacional de Padres de familia y Maestros, estamos enfocados, entre otros puntos, en la Construcción de una vida escolar para y con equidad de género; canalizando las propuestas recibidas para establecer estrategias para prevenir y atender el maltrato, la violencia y las adicciones en las escuelas.
Celebremos juntos y comprometidos, por las mujeres de todos los continentes, que aún separadas por fronteras nacionales y diferencias étnicas, lingüísticas, culturales, económicas y políticas se unen en la conmemoración de esta muy importante fecha.
El Comité Ejecutivo de la Sección 23, manifiesta su más profundo respeto y admiración a todas las mujeres; especialmente a las Trabajadoras de la Educación que se encuentran a lo largo y ancho de la geografía de nuestro estado de Puebla y en toda la República Mexicana, en sus escuelas, en sus comunidades, en los pueblos y en las ciudades; cumpliendo con la noble tarea de educar, de formar a los niños y jóvenes, a los ciudadanos del mañana; logrando con su esfuerzo, nobleza, superación, trabajo y responsabilidad ser orgullo nacional.